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Juegos de rebeldía.

La trayectoria política de Saúl Charris de la Hoz (1914- )

Medófilo Medina

Santa Fe de Bogotá: Línea de investigación en historia política, Cindec, Universidad Nacional. 224 pgs. 14x21 cm. Portada: Paula Iriarte.

 

INTRODUCCION 

Una tarde de comienzos de septiembre de 1990 llegué hasta un edificio moderno situado en un barrio residencial del norte de Barranquilla. La fachada de cristales ahumados me impidió saber el número de pisos. Pregunté al portero por "el doctor Saúl Charris". El hombre me replicó: "¿Cuál, el joven o el viejo?". Le contesté: "el político". El portero me miró intrigado, vaciló un momento, y luego me pidió timbrar en el apartamento más próximo. Sabría luego que el homónimo, un conocido anestesiólogo, que vive en el mismo edificio, es el hijo mayor de Saúl Charris de la Hoz.

Una mujer madura, posiblemente la criada, me introdujo al vestíbulo y de allí a la sala del apartamento. Esta, de regulares dimensiones, está enmarcada por paredes desnudas de color gris. Las sillas, de diseño convencional, están dispuestas alrededor de una mesita de centro cuyo tablero simula el mármol. Dos mecedoras de mimbre que no armonizan con el conjunto, parecen haber sido colocadas allí de manera provisional. En una esquina, sobre una base de madera, una porcelana representa a una jovencita de lánguida sonrisa que acaricia un perro. Desde otro ángulo una pequeña bailarina saluda al visitante. Sobre una mesita de esquina dos enamorados de porcelana entrelazan sus manos tiernamente.

Al cabo de unos minutos apareció un hombre de regular estatura, camisa blanca en dudoso juego con la corbata roja salpicada de rombos amarillos, de avanzada edad, piel trigueña, de mirada inquieta. Una línea como trazada con regla separa en porciones desiguales los cabellos grises peinados con esmero. Las gafas de marcos gruesos le dan al rostro un cierto aire severo de Hermano cristiano. Extendiéndome la mano recitó por saludo la fórmula: "Saúl Charris de la Hoz, a sus órdenes." Así empezó la primera entrevista con el protagonista de las páginas que vienen. Por entonces yo tenía sobre él tan sólo una idea vaga, que más bien se parecía a un prejuicio. Lo asociaba con el grupo de parlamentarios costeños que para la izquierda de los años setenta, tributaria de un determinismo de pertenencia social sin matices, representaba e imponía en la Anapo los intereses de ganaderos y latifundistas.

A lo largo del encuentro Charris mantuvo de manera constante una entonación de la voz más apropiada para un discurso parlamentario que para una conversación privada. No me pude librar de la impresión de que mi interlocutor antes que a mí, se dirigía a un auditorio invisible. La cadencia verbal suministraba un indicio sobre el sentido trascendente que daba a su relato. Habló largo, sin que yo lo interrumpiera, de los episodios descollantes de su carrera política. Hizo un compendio de sus ideas sobre lo que debía significar "el verdadero liberalismo". Con no disimulada emoción evocó la amistad con Jorge Eliécer Gaitán y Carlos Lleras Retrepo y las faenas políticas cumplidas al lado de estos caudillos. Aludió de manera ambigua a su "frustración como político", hizo un elogio de la masonería y se jactó de su eclecticismo religioso. No faltaron las vacas y caballos en algunos momentos de su discurso, que quiso, ganado ya por el demonio de la oratoria, reforzar con otro, pronunciado en el Senado de la República, en una de las sesiones finales del último período en el que había ejercido como Senador. De los fragmentos que de manera clara logré entender de la muy defectuosa grabación, pude colegir que se trataba de una intervención de denuncia sobre la "descomposición moral del país" y de severa crítica al presidente López Michelsen. Como la oración se prolongara, la entrevista culminó cuando el casete cesó de girar. Del torrente de palabras de esa primera entrevista quedaron en la superficie fragmentos, posibilidades de reconstruir relaciones, identificaciones y rechazos que invitaban al ejercicio de juntarlos en un cuadro de conjunto.

Después de una segunda entrevista sin guión preciso, me decidí a la recopilación sistemática del testimonio oral sobre su vida, con miras a la elaboración de un ensayo global sobre su itinerario político. Resultó así rebasada la intención inicial que no iba más allá de reunir impresiones sobre las características de las campañas electorales en la Costa Atlántica.

El giro en realidad tenía antecedentes. En mi trabajo de investigación sobre la historia política contemporánea de Colombia, el género biográfico había ejercido sobre mí una fuerte seducción. Al recoger testimonios de la historia oral en el proceso de elaboración de un trabajo anterior, me había fascinado el mundo de tensiones, compromisos, adaptaciones, encuentros y desencuentros, entre la mentalidad tradicional y una ideología moderna: el marxismo leninismo, en la experiencia de vida de dirigentes campesinos de diversas regiones del país.

Por otra parte, a comienzos de los años ochenta había intentado con el concurso de un grupo de estudiantes de la Universidad de Los Andes, adelantar, con base en empleo masivo de biografías sintéticas, una aproximación al tema de la composición de las élites políticas colombianas. Entonces era evidente que salvo contadas excepciones, no se había ensayado la realización de investigaciones de los grupos de poder sobre confiables fundamentos cuantitativos. El período escogido fue el comprendido entre 1920 y 1980 y los conjuntos seleccionados, los siguientes: ministros de estado e integrantes de instituciones políticas importantes como: Corte Suprema de Justicia, Consejo de Estado, Dirección Nacional Conservadora y Dirección Liberal Nacional, mesas directivas de la Cámara y del Senado. El sondeo se adelantó de manera parcial, y si bien pudieron formularse algunas observaciones de interés con base en el material recogido, el trabajo se quedó a mitad del camino ante las dificultades, que al menos por ese momento resultaron insuperables, para reunir la información, que se estimaba clave, sobre la procedencia socioeconómica de las personas incorporadas en la base de datos.

En diversos países, incluso en algunos de América Latina, estudios como aquel al cual apuntaba mi intención, habían empezado a formar parte del conocimiento convencional de las ciencias sociales, desde los años sesenta. El impulso se originó de manera predominante en la sociología política norteamericana que a su turno había recogido la inspiración de los precursores italianos: Pareto, Michels y Mosca. Importaba mucho disponer de sólidas bases empíricas para resolver cuestiones como la muy conocida de "¿Quién gobierna?". La composición de las élites, las configuraciones oligárquicas, las alternativas del reclutamiento de los grupos de poder, o las condiciones de la carrera política eran otros tantos problemas que buscaban esclarecerse mediante ese tipo de investigaciones.

Hoy cabe anotar que si bien los estudios prosopográficos no parecen formar parte de las estrategias de investigación en el país, no es menos cierto que su no realización implica un vacío grave en el conocimiento básico de la sociedad colombiana y de su historia.

El género biográfico, en la acepción clásica del término, tiende a asociarse con los albores de la Historia como campo específico del saber. Cada período de la historiografía occidental cuenta con su propio modelo de construcción biográfica. La idea que Carlyle plasmó en la afirmación según la cual el proceso histórico sería "la esencia de innumerables biografías" probablemente ha pesado en la conciencia de historiadores de diversas épocas más de lo que en principio pudiera admitirse, al menos hasta antes de la hegemonía de los paradigmas estructuralistas.

Aunque con períodos de pausa, durante el siglo XX se ha mantenido un notable interés por la investigación de trayectorias biográficas. Desde el período de entreguerras la biografía fue objeto de un proceso de apropiación, si así pudiera denominarse, por parte de otras ciencias sociales distintas a la historia como la Sociología primero, y la Antropología y la Ciencia Política, luego. El resultado general fue el ensachamiento interdisciplinario del género biográfico por los tipos de construcciones a que dio lugar y por la extraordinaria multiplicación de los usos y los campos de aplicación que van desde el estudio de grupos de conductas desviadas, hasta las investigaciones sobre las migraciones, la cultura y el folclor. En este proceso, la biografía, en la acepción en que la han entendido los historiadores se ha visto enriquecida de manera substancial. De ello ofrecen valiosos ejemplos la historia social inglesa y la historiografía italiana.

Desde el comienzo asumí que el trabajo sobre Saúl Charris no sería una relato de vida en la medida en que el interés central no era la atribución de sentido que el protagonista pudiera ofrecer de su propia vida, pero tampoco una biografía en el sentido clásico del término. La intención a la cual me ceñí en el curso de la investigacion no fue otra que la de reconstruir una parábola biográfica, guiado por la curiosidad de saber a qué elementos de análisis de la historia política daría lugar el escrutinio minucioso del caso individual de un dirigente.

El protagonista de la investigación, en la actualidad se encuentra retirado de la política. Visita al menos una vez por semana una hacienda ganadera de su propiedad ubicada en el vecindario del municipio de Santo Tomás, población situada a 25 kilómetros de la ciudad de Barranquilla. Ha cumplido ya los 81 años. Desde su condición de retiro sigue con interés los asuntos de la actualidad política. Comparte las preocupaciones que conmueven a la mayor parte de los ganaderos colombianos, ocasionadas por la acción de la guerrilla y por las prácticas de la delincuencia común.

La elección de Saúl Charris de la Hoz para la elaboración de una biografía política, obedeció a varias razones. Aunque alcanzó notable figuración nacional, su acción pública tuvo siempre como referencia el ámbito de la región caribe colombiana, y en particular el departamento del Atlántico. La historia política del país se ha abordado de manera casi exclusiva desde el centro, es decir, desde lo ocurrido en Bogotá. Esa única perspectiva no corresponde a la realidad de un proceso muy lento de articulación nacional. Hace falta también en el estudio de los procesos políticos, ir de las regiones al centro. En la trayectoria de Charris se entrelazan tres "contextos de interacción social": Santo Tomás, lugar de nacimiento del protagonista y espacio fundamental de referencia de los intereses familiares, Barranquilla y el departamento del Atlántico como el escenario regional, la capital de la República como centro nacional del poder político.

Coadyuvó a mi decisión para llevar a cabo este "estudio de caso" la condición si se quiere secundaria del protagonista. No se trata de un personaje de primer plano como hubiera sido el caso de un presidente de la República o el de un caudillo nacional de uno de los partidos. Desde luego, tampoco es el "descubrimiento" de un hombre anónimo al cual se le da la palabra en el ejercicio de recuperar la "historia de los de abajo" o de "la gente común". Es un personaje intermedio, de aquellos sobre los cuales no suele ocuparse la Ciencia Histórica, más dispuesta a buscar en los extremos, sus objetos de estudio. Esa condición del personaje se aviene bien al carácter experimental de la investigación en la medida en que se toma una perspectiva específica a propósito de un individuo concreto. Con este trabajo quisiera incentivar la realización de investigaciones sobre personajes similares para otras regiones del país. Por ese camino podría llegarse a la configuración de un paisaje más completo y variopinto del que actualmente se dispone sobre la historia contemporánea de Colombia.

En ese orden de ideas resulta interesante pensar en la utilidad que tendría para la comprensión de la Hegemonía Conservadora las biografías de algunos de los agrestes gamonales de los años veinte, como Sotero Peñuela en Boyacá o el general Eparquio González en el Atlántico. Para el Frente Nacional y para el período actual, el estudio minucioso de personajes como Bernardo Guerra Serna, José Name Terán, Roberto Gerlein, Jorge Perico Cárdenas ofrecería hechos e ideas valiosos para la construcción de un modelo del funcionamiento real del bipartidismo.

De igual manera para la escogencia del personaje del ensayo biográfico, me llamaron la atención sus tránsitos por varias corrientes partidistas, y su inclinación por jugar a la disidencia con respecto al Partido Liberal. Veía la posibilidad de explorar la lógica de esos cambios y de indagar por las razones de ese tipo de desplazamientos sin reducir de entrada el fenómeno, al expediente del "oportunismo" como único factor de explicación.

Abordé al personaje con el propósito de asomarme a procesos colectivos desde la perspectiva que ofrece la vida de un actor individual. ¿Qué elementos y qué características del sistema político se pueden identificar siguiendo la parábola política de una persona de notable figuración regional y de apreciable significación nacional? ¿Cúal ha sido la naturaleza de las articulaciones entre los niveles local, regional y nacional de la política en Colombia? ¿Cómo se configuró la concepción ideológica de un dirigente político dado, y con qué elementos culturales se construyó la relación entre éste y sus seguidores? ¿Cómo se articularon las estrategias personales y familiares del individuo con las funciones del político? Los anteriores fueron algunos de los interrogantes que de manera explícita me formulé desde el diseño mismo de la investigación. El lector identificará también otros problemas surgidos a partir de la información que el trabajo incorpora. Con el mismo personaje, otro historiador con intereses académicos diferentes a los míos hubiese podido orientar la investigación hacia la psicobiografía, por ejemplo, colocando el énfasis en la dimensión subjetiva de la trayectoria de vida. Las preguntas que me formulé predeterminaron la dirección del trabajo.

Desde el punto de vista de la base empírica, la referencia inicial para la elaboración del trabajo, la constituyó el testimonio autobiográfico de Saúl Charris de la Hoz, recogido en cuatro extensas entrevistas grabadas en Barranquilla entre finales de 1990 y mediados de 1991, que a su vez estuvieron precedidas de otras más bien informales. Posteriormente se realizaron entrevistas menores en las que busqué, precisar unas veces y ampliar otras, aspectos específicos del relato mayor. Al traer a cuento las circunstancias anteriores he querido subrayar que la fuente principal del trabajo ha sido el producto de un proceso de interacción entre el protagonista y el investigador.

Si bien, consideré el testimonio oral autobiográfico como material de significación central, en el curso de la investigación adelanté la más amplia consulta de fuentes escritas, con el objetivo de enriquecer, pero también de contrastar y hasta donde fuera posible verificar la información contenida en el relato autobiográfico. Fueron revisados los libros de protocolos de la Notaría de Santo Tomás, municipio de origen de la familia Charris de la Hoz; los archivos de la Gobernación del departamento del Atlántico y de alumnos del Colegio Americano en Barranquilla y de la Facultad de Derecho de la Universidad Javeriana en Santafé de Bogotá, establecimientos en los cuales adelantó sus estudios el protagonista; los libros de actas del Concejo Municipal de Barranquilla; el archivo del Centro Cultural Jorge Eliécer Gaitán en Santafé de Bogotá. Busqué información en la prensa tanto nacional como en la local y regional en Barranquilla. Consulté minuciosamente el periódico Anales del Congreso, órgano del Congreso de la República.

Acudí de nuevo al recurso de la historia oral con el fin de incorporar los testimonios de algunos de los seguidores y copartidarios de Saúl Charris de la Hoz, así como los de observadores no vinculados por lealtades políticas con el protagonista.

No obstante que mi interés en la presente biografía está centrado en la identificación de aspectos del proceso político, no es menos cierto que sólo introduje en el campo de análisis aquellos problemas suscitados o sugeridos por la acción y las expectativas del protagonista.

Fui consciente de la necesidad de enmarcar la trayectoria política de Saúl Charris en el contexto de cada uno de los períodos por los que atravesó su actividad. Sin embargo, partí de la aceptación de la complejidad que implica la "contextualización" de una biografía. Al respecto tiene utilidad la siguiente anotación de Christian Jouhaud: "Una vida no produce su contexto como una suerte de secreción historiográfica espontánea". Es preciso, agregaría yo, un esfuerzo de elaboración de contextos en relación estrecha con la composición de una "experiencia humana" concreta.

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