Con un imponente sistema militar, un trazado urbano impecable y mil tesoros arquitectónicos, esta ciudad responde con orgullo a su declaratoria como Patrimonio de la Humanidad. 

Cartagena tuvo un enorme protagonismo desde el siglo XVI, hasta el primer tercio del siglo XIX dentro de la colonización española. Era una de las ciudades que formaban parte del circuito de galeones y una de las plazas fuertes más importantes de América y del mundo. Figura actualmente como el ejemplo de arquitectura militar más amplio de nuestro continente y uno de los más completos que se ha conservado hasta hoy. Su importancia radica en el equilibrio y la armonía que existe entre el conjunto de fortificaciones como un gran circuito militar, su trazado urbano, que corresponde a una época específica dentro de la planificación y dentro de los trazados del caribe, y su estrategia de ubicación geográfica y territorial, que fue absolutamente deliberada para su fortificación y defensa. Posee, además, una inmensa armonía dentro de la gramática de la ciudad, en un sentido profundo, que se adivina en sus miradores, los algibes o los artesonados.

Su fundación se llevó a cabo en 1533, por don Pedro de Heredia, como respuesta a la necesidad de establecer un puerto que facilitara el intercambio de riquezas y productos entre España y sus colonias y que a la vez sirviera como sede para la conquista y dominación del interior del continente. Fue hacia el final del siglo XVI, gracias al importante movimiento comercial como puerto y como plaza para el almacenamiento de las mercancías destinadas a la corona, y gracias a que se constituyó como un punto obligado en la ruta de las Indias Occidentales, al lado de San Juan de Puerto Rico y La Habana, que la ciudad inició la definición de su carácter urbano. A causa de los repetidos ataques y asaltos de los piratas, el ingeniero militar Antonelli, a petición de la corona española, comenzó la fortificación de la ciudad.

El conjunto inicial se compone de un recinto urbano, la torre de San Felipe y el puerto de San Matías, con sus bastiones. Dentro de su morfología, que empieza así a configurarse, cabe resaltar el trazado que rompe su sistema de cuadrícula para insertar curvas y líneas oblicuas, siempre en armonía con el conjunto fortificado, el cual tiene forma de triángulo.

Las murallas, de más de cuatro metros de alto, se alargan durante once kilómetros, en su mayor parte siguiendo el trazado de la costa, casi en contacto con el mar, y se integran en un sistema militar impresionante cuyo funcionamiento implicó la construcción de una muralla submarina en la entrada o boca amplia hacia la bahía (conocida como la Escollera de Bocagrande), la instalación de un circuito de fuertes, dominados por el Fuerte de San Felipe, una gigantesca estructura de piedra y argamasa, llena de túneles y garitas, considerada la obra defensiva más importante realizada por la ingeniería militar española en América; baluartes, plazas de artillería y una pesada cadena que unía, en la entrada pequeña o "boca chica" la Batería del Ángel San Rafael con la de San Miguel.

Siguiente 1 2

 



Todo el encanto de aquellos cuartos de san alejo repletos de antigüedades navales y objetos que dan testimonio de otras épocas.



Un lugar para enamorarse, donde lo único posible es caminar tomados de la mano.



Calles y balcones, baluartes y plazoletas en los cuales perderse y deleitarse.





Habitaciones deliciosas, en las que se cuela la brisa salada del mar, el susurro de las olas, o el repicar de campanarios y cascos de caballos.





Algunos relatos y confesiones de foráneos que fueron seducidos por las murallas y los balcones.




Como en un cuento de naufragios, Cartagena nos ofrece un montón de tesoros escondidos en sus alrededores.






Las murallas nos susurran, al oído, historias de piratas y grandes damas, secretos deliciosos de épocas lejanas.






Galerías, terrazas, recorridos y la marcha en una ciudad hecha para el goce y la delicia.







Para saciar el apetito voraz y la sed inclemente que la brisa del mar tiene la particularidad de provocar, una maravillosa variedad de colores, aromas y texturas que forman parte de las tradiciones cartageneras y su exquisita gastronomía.

 


All rights preserved to Colombia2000, ©