Terrazas, discotecas y la marcha en una ciudad hecha para el goce y la delicia.

La noche de Cartagena ofrece de todo: desde paseos en coche hasta casinos, pasando por las más diversas discotecas, cafés y recorridos.

Las opciones son infinitas y a disposición de todos los gustos y deseos.
Si la idea es pasar un rato tranquilo, las plazas siguen siendo nuestra recomendación: Santo Domingo, San Pedro o San Diego, con sus terrazas al aire libre y la posibilidad de observar y ser observados, de tomarse una copa y comer algo ligero. En Santo Domingo, Pacos y El Café de la Plaza son unos de los más tradicionales, así como el informal Café Libro, donde suelen reunirse teatreros, pintores, literatos y en general la bohemia cartagenera. En la plaza de Santa Teresa, algunas noches, es posible encontrar música en vivo.

Siguiendo con el tema de un plan tranquilo, El Bar, ubicado en el lugar donde antes quedaba La Quemada, es un sitio para pasar un buen rato conversando y disfrutando de un ambiente relajado y una música excelente. Si lo que se busca es algo "chic", el bar del hotel Santa Clara ofrece un espacio íntimo y elegante, mientras un trío interpreta son cubano, boleros o jazz.



Si se trata de bailar, el legendario Quiebra Canto, al frente del Pabellón de los Mártires y cerca al Centro de Convenciones, nos sigue deleitando con el son y la salsa de todos los tiempos, en la compañía de los fanáticos de la música cubana que siempre terminamos encontrando allí, no importa que los años pasen. Otro lugar que se mantiene siempre actual, a pesar de los caprichos de la moda, es Tu Candela, sobre el Portal de los Dulces. Un lugar donde se cruzan gentes de todos los estilos y condiciones. Y para quien busca un poco de trans y tecno, algo "alternativo", In Vitro es lo más seguro.

La zona que más se mueve es definitivamente la Calle de Arsenal, en la que se encuentran todo tipo de ambientes y de música, ideal para una pequeña "marcha": Desde Mr. Babilla, lugar en el que el baile termina sobre las mesas y la barra, podemos pasar por La Carbonera, Plastilina, Andrómeda o Amnesia, y terminar en Las Trompetas del Arsenal o en La Parranda de Rafael Ricardo, con música de acordeones en vivo.

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Todo el encanto de aquellos cuartos de san alejo repletos de antigüedades navales y objetos que dan testimonio de otras épocas.



Un lugar para enamorarse, donde lo único posible es caminar tomados de la mano.



Todo el encanto de aquellos cuartos de san alejo repletos de antigüedades navales y objetos que dan testimonio de otras épocas.





Habitaciones deliciosas, en las que se cuela la brisa salada del mar, el susurro de las olas, o el repicar de campanarios y cascos de caballos.





Algunos relatos y confesiones de foráneos que fueron seducidos por las murallas y los balcones.




Como en un cuento de naufragios, Cartagena nos ofrece un montón de tesoros escondidos en sus alrededores.






Las murallas nos susurran, al oído, historias de piratas y grandes damas, secretos deliciosos de épocas lejanas.






Con un imponente sistema militar, un trazado urbano impecable y mil tesoros arquitect—nicos, esta ciudad responde con orgullo a su declaratoria como Patrimonio de la Humanidad.



Para saciar el apetito voraz y la sed inclemente que la brisa del mar tiene la particularidad de provocar, una maravillosa variedad de colores, aromas y texturas que forman parte de las tradiciones cartageneras y su exquisita gastronomía.

 


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